Lo esencial es la contingencia.
Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad de existir, es estar
ahí simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar,
pero nunca es posible deducirlos. Creo que hay quienes han
comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando
un ser necesario y causa de sí. Pero ningún ser necesario puede explicar la
existencia: la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede
disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es
gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo,
se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar... eso es la Náusea.
Jean-Paul Sartre (1938).














La existencia precede a la esencia...
La Náusea, de Jean-Paul Charles Sartre. No sé si ha sido el existencialismo
del filósofo francés y buen amante de Simone de Beauvoir o estos primeros días
de octubre, grises, huecos y ausentes… en cualquier caso me encontraba inspirada y con ganas de hacer esta entrada dedicada a los días sin más, a cualquier día que no sea
importante. Como un lunes, martes, miércoles, los que forman el mes de abril,
mayo, junio o los años 2013, 2014, 2015. Porque esto es vivir y nada más. Esto
es el tiempo. Nunca seremos tan jóvenes como hoy, diecisiete de octubre de 2013. Y sólo en esta época, en un día como hoy, una servidora puede permitirse el lujo de dedicar
un rato de ese tiempo a escribir unas lineas sobre el existencialismo...







































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