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11 Mar 2014

Últimos días de invierno #3


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"Así funciona la cosa. Mediada la cuarentena tienes tu primera crisis de mortalidad (la muerte no va a ignorarme); y diez años después tienes tu primera crisis de edad (mi cuerpo me susurra que a la muerte ya le estoy llamando la atención). Pero en el ínterin te sucede algo verdaderamente interesante. A medida que se acerca el quincuagésimo cumpleaños, se agudiza la sensación de que tu vida se va adelgazando, y de que seguirá haciéndose más y más fina hasta disolverse en la nada. Y a veces te dices a ti mismo: Eso ha ido un poco rápido. Aquello fue un poco rápido. En determinados estados de ánimo, puedes tener ganas de expresarlo de forma bastante enérgica. Como por ejemplo: ¡¡¡Joder!!! ¡¡¡Esto ha ido como una puta centella!!! Luego llegaron y pasaron los cincuenta y uno, los cincuenta y dos. Y la vida vuelve a espesarse. Porque ahora hay una presencia enorme e insospechada dentro de tu ser, como un continente ignoto. Es el pasado."


— Martin Amis, La viuda embarazada.


Por tercera vez en los tres años que llevo participando en Daughter of the Soho Riots, escribo una entrada dedicada a los últimos días de invierno. Me permito el lujo de seguir en la línea de lo personal, tal y como hice en Últimos días de invierno y en Últimos días de invierno #2. Esta vez he preferido acomodarme en las palabras que Martin Amis escribió para La Viuda Embarazada. Una novela autobiográfica sobre la Revolución Sexual de los 70, sobre cómo la vivieron un grupo de jóvenes veinteañeros. Todas sus experiencias las va hilando entre la Inglaterra de los Beatles y la Italia palaciega, estival y exuberante. Confieso que me enamoran los narradores como él, en ese estado de madurez pletórica... creo que no hay nadie mejor para narrar los años de la juventud que una persona sexagenaria. Se ha retratado a sí mismo como un macarra made in England, pero un macarra que decidió leerse en su verano de los 20 los clásicos de la literatura inglesa, empezando por Jane Austen. He escogido este texto porque precisamente en esta época, en los últimos días de invierno, acostumbro a obsesionarme con el paso del tiempo y el peso del pasado. Me gustó la forma en que Amis expresó la idea. Es un tipo peculiar. Se ha ganado el apelativo de "clásico viviente" o enfant terrible de las letras británicas, y durante varios días ha conseguido que tuviera en mente, resonando con fuerza, ese párrafo que veis ahí arriba, en concreto las palabras: porque ahora hay una presencia enorme e insospechada dentro de tu ser, como un continente ignoto. Es el pasado. Las imágenes que veis hacen alusión a las posibles escenas descritas en el libro, del cual recomiendo fervientemente su lectura. Me encantaría cinematografiar esa historia junto a ♥ Mara  . Que por cierto, esta entrada es para ti. Porque estoy encantada de saber que cuando miro a esa presencia enorme e insospechada dentro de mi ser, cuando miro al pasado, te veo formando parte de él.

Me despido con la sensual Lujon de Henry Mancini, que bien podría suavizar estos últimos días de invierno, como también podría haber sonado mientras los protagonistas del libro tostaban sus jóvenes cuerpos al sol en la piscina del castillo de Campania. También con L'appuntamento de Ornella Vanoni, un tema de lo más pasional editado en la Italia de 1970 y una de mis canciones favoritas:


 Esther

17 Oct 2013

La Náusea



Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad de existir, es estar ahí simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que hay quienes han comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia: la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar... eso es la Náusea.

Jean-Paul Sartre (1938).
















La existencia precede a la esencia...


La Náusea, de Jean-Paul Charles Sartre. No sé si ha sido el existencialismo del filósofo francés y buen amante de Simone de Beauvoir o estos primeros días de octubre, grises, huecos y ausentes… en cualquier caso me encontraba inspirada y con ganas de hacer esta entrada dedicada a los días sin más, a cualquier día que no sea importante. Como un lunes, martes, miércoles, los que forman el mes de abril, mayo, junio o los años 2013, 2014, 2015. Porque esto es vivir y nada más. Esto es el tiempo. Nunca seremos tan jóvenes como hoy, diecisiete de octubre de 2013. Y sólo en esta época, en un día como hoy, una servidora puede permitirse el lujo de dedicar un rato de ese tiempo a escribir unas lineas sobre el existencialismo...




15 Sep 2013

Last days of summer


 El atardecer del verano empezaba a envolver al mundo en su misterioso abrazo. El sol descendía a lo lejos, hacia el oeste, lanzando los últimos destellos de un día fugaz, destellos que se detenían amorosamente en el mar y la playa, sobre las rocas cubiertas de vegetación que contornean la costa. 

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 The summer evening had begun to fold the world in its mysterious embrace. Far away in the west the sun was setting and the last glow of all too fleeting day lingered lovingly on sea and strand, on the weedgrown rocks along shore.

—James Joyce, Ulysses.



Summer is fading away and while I read James Joyce's Ulysses and listen to Dustin O'Halloran and Frank Sinatra's Summer Wind, I feel transported to those beaches that Joyce talks about. I feel like listening to the sound of the waves, enjoying the last days of summer under the sun and strolling the white sand at sunset. 


Ph.: La piscine (1969), Georgia May Jagger by venetia scott, David Hamilton, Stealing Beauty (1996), François Halard, Jane Birkin, Kate Moss, Leroy Grannis, Grace Kelly by Howell Conant, Persona (1966), Summer Interlude (1951), Quentin De Briey